Guru, Jost y Nahuel

 In Testimonios

Yo elijo como parir.
A que si!

Así como elegí una gestación consciente ( no uso embarazo: Impedimento, dificultad, obstáculo, ver Real academia de la lengua española);
así como elegí mudarme a otro país para que el futuro bebé tuviera una crianza respetuosa,
así como elegí vivir en el campo y alistar el nido cerca a una montaña unos meses antes de su nacimiento.
Así como elegí orientar mi estilo de vida preparándome para la gestación y para ser madre,
igual de importante era para mi elegir como parir. Por eso elegí parir en casa.

Me parece vital el cómo va a llegar este nuevo ser al planeta, que después de haber estado en el paraíso, como imagino debe ser el vientre materno, pueda disfrutar de un recibimiento cálido y amoroso. Un recibimiento que le ayude a sentirse bienvenido en un mundo completamente nuevo y desconocido. Que le permita sentirse seguro mientras respira por primera vez, mientras siente hambre y frio por primera vez.

Desde que tuve claro lo que quería, desee encontrar la comadrona con la que no tuviera la menor duda, en la que que pudiera confiar plenamente, con la que empatizara desde el principio.

Apenas comenzamos a empacar y alistar la mudanza, recibí por email el numero telefónico de una comadrona que vivía cerca a nuestra futura ubicación. Marta, es su nombre. La conocí personalmente tres semanas después de haber dejado Alemania por tierra, de haber viajado 2000km en auto con 6 meses de gestación.

Una bendición tras otra, todo fluyó tan rápido: alquilar a distancia la casa de campo, el cambio de país, nuevos amigos y lo prioritario, encontré Marta, la comadrona que desde que la conocí supe que era ella a quién buscaba!

En nuestra primer cita, me sorprendió que empezó hablando por la posibilidad de tener el parto en el hospital. Mientras nos explicaba las razones, yo seguía segura de que sería en casa pero al escucharla entendía que lo mencionaba porque podría pasar. Me quedaron claros los motivos, hay riesgos que no debemos tomar a la ligera, hay señales que podrían aparecer en el momento del parto que nos indicarían que el bebe necesita apoyo del hospital.

Después del tema hospital, hablamos de otros aspectos en general, de mi salud y de mi ánimo. Cerramos la cita con una meditación que nos conecto a todos con el bebé. Yo me sentía muy agradecida y feliz por tener a la persona indicada en este importante momento de mi vida, de nuestras vidas.

También por elección, apoyada por de mi marido, en los meses que quedaban de gestación, pude disfrutar del día a día en casa, en la naturaleza, sin preocupaciones, meditando, haciendo yoga, descansando cuando el cuerpo me lo pedía. Descubriendo mi nuevo hogar, caminando en la montaña con vista al mar.
Es un regalo del cielo poder vivir en este lugar, en una de las sierras de la marina alta. Un lugar especial para esperar la llegada de nuestro bebe sorpresa. No quisimos saber el sexo. Tampoco nos importo saber si tenia sindrome de Dawn o cualquier otra cosa, como fuera previsto su llegada por la sabiduría del universo, nos sentiamos listos para abrazar y darle la bienvenida al nuevo ser.

En octubre comenzaron las sesiones de preparación al parto en la piscina. Allí conocí otras futuras madres con las que hicimos ejercicios físicos y también círculos de confianza para compartir alegrias, y preocupaciones.
Flotando en el agua pude descansar perfectamente, cosa difícil en la cama por la gravedad. El agua relajaba cada fibra de mi cuerpo. Cerraba los ojos invadida por una felicidad que venia desde lo más profundo de mi ser, estaba libre de todo,sostenida por el universo. Confiando que todo es como ha de ser.Este sentimiento permaneció toda la gestación.

Dos semanas antes de la semana 40 de gestación, tuvimos un taller para la preparación al nacimiento. Un fin de semana muy importante porque nos recargo de energia, nos sintonízo en la vibración del parto, y nos abrió otras puertas que estaban dormidas interiormente. Alli salió a la superficie un miedo que tenia mi esposo y no lo habíamos notado. El no había considerado que el nacimiento podría ser en el hospital. La verdad yo tampoco, pero no me movió como a él, solo me recordó lo que Marta había explicado en la primera cita. Con esa apertura, me invite a verbalizar en voz alta, mental y a escribir: que puedo parir en cualquier lugar, lo único que importa es que este conectada con el bebé y lo ayude a nacer.
Un par de días después, aliste las cosas que necesitaríamos por si en realidad llegaba a ocurrir lo inesperado.

Llego el tiempo para la visita de la comadrona y su colega a nuestra casa. Gema nos acompañaría en el parto para apoyar a Marta y entre las dos a nosotros. También seria el reemplazo en caso de que Marta no pudiese venir.
Con esta visita tuvimos la posibilidad de conocerla porque seguramente el día del parto no habría tiempo para socializar. También aprovechamos para hablar de las cosas que necesitaríamos aclarar y alistar. Me gustó mucho esa reunión, sentí que éramos un equipo. Cada uno con su función para ayudar al bebé a que dejara mi cuerpo cuando el o ella nos indicara.

Llegó el día esperado y nada paso, el bebé seguía a gusto en mi panza. Así que tuvimos que hacernos una ecografía y un chequeo para ver cómo estaba. Todo se veía bien, según el obstetra tenia líquido amniótico suficiente para quedarse dos semanas más!. Cosa que veía “pesada”, mi panza estaba gigante. Si era así, seguro que mi cuerpo seguiría adaptándose.

El viernes 18 de noviembre, después de ver una película, me levanté de la pelota inflable ( el único cómodo objeto para sentarme ), di unos pasos hacia el baño y zas! se abrió la fuente. Eran las 10pm.
El bebé había dado la la señal!. Una inmensa alegria me invadió, pronto le conocería!
Le enviamos un mensaje a Marta y ella me aconsejó dormir para tener energías para el día siguiente.

Pero no logré conciliar el sueño, ya que las contracciones empezaron a la media hora de habernos acostado. Algunas eran más intensas que otras. No podía dormir, me era incómodo estar en la cama. Tenia un fuerte deseo de defecar pero no pasaba nada, era un tipo de contracción que por ser la más fuerte decidí pasar el resto de la noche sentada en el inodoro. Allí podía pasarla mejor que en otra posición.Mi marido ni se dio cuenta. Durmió profundo toda la noche.
A la mañana siguiente adecuamos el espacio para el parto. Yo seguía con contracciones, que iban y venían, estuve caminando de un lado para el otro, probando diferentes posiciones.
Marta llegó alrededor de las 12 del día. Cuando me revisó, teniá 8 cm de dilatación, todo estaba fluyendo. Pensamos que el bebé sorpresa llegaría en la tarde. Encendimos la vela en su altar. (que ha estado listo desde dos meses antes de su concepción).

Asi seguí un par de horas más, pero sin avance. Marta infló la piscina para que probara con el agua y para tener un descanso, Yo estaba muy cansada, no había dormido ni comido desde la noche anterior. Solo tenia sed.
Llenar la piscina se demoró más de lo usual. Nuestro calentador no daba la temperatura que necesitaba, ( era invierno). Por eso Marta y Jost tuvieron que calentar el agua en ollas y en con la wasserkoch.

Segui probando otras posiciones y movimientos. Cuando por fin estuvo lista la piscina, me sumergí en el agua, fue una agradable pausa que me recargó de energía, . Por primera vez sentí que el nacimiento podría ser en el agua, me alegró mucho imaginarme cómo seria. Con el fuego de la chimenea alrededor de nosotros, todo era acogedor e intimo para su nacimiento.

Pasó el tiempo, no sé cuanto, pero creo que ya anochecía. No había cambio, seguía igual de dilatada. El agua relaja bastante y las contracciones las sentí menos intensas. Era mejor probar de nuevo afuera donde la gravedad podría ayudarme, además no había hecho pipí en todo el tiempo, mi vejiga estaba llena y podría estar bloqueado la bajada del bebé. Me sugirieron salir al baño y sentarme en el inodoro. Tampoco pude hacer pipí, no pasaba nada. El proceso de parto estaba en pausa.

Probé otras posiciones: de pie, colgandome de una barra, y por último en la cama, allí estuve de lado para ayudar a que el bebé se acomodara.RecienNacido

Marta sacó mi orina con un catéter, en ese momento también salió agua de la fuente. Estaba más oscura que la ultima vez que la vimos, era una señal de que el bebe estaba estresado, de que se había cagado y para evitar que respirara el agua meconiana* arriesgando su salud, debíamos irnos al hospital. Esa era una de las señales de las que nos habló Marta en la primera cita.

Jost me pregunto qué quería hacer. Èl se veía un poco indispuesto, no alcanzó a escuchar cuando Marta me lo decía y la noticia le cogió por sorpresa. A pesar de no ser lo que deseábamos, no había otra opción. Yo no tenia dudas, no había nada más que pensar. Solo quería que el bebé estuviera bien, por eso escogí no pelear con la realidad ni querer cambiarla, no me tomo más de un minuto decidir. Confiaba en que todo es como ha de ser. Escogí seguir acompañando a mi bebe y él en ese momento necesitaba que fuéramos al hospital.

Las contracciones estaban subiendo en intensidad. Tal vez en el auto con los movimientos en la carretea, rumbo al hospital, el bebé se acomodaría mejor.

En el hospital tuve una habitación para mi sola, pero allí no pudo ingresar Marta. Solo era permitido un acompañante. Quedamos Jost y yo, con el personal encargado. Marta se quedó en la sala de espera y Jost mantuvo la comunicación con ella.
El bebé seguía en la misma posición. Su ritmo cardiaco estaba bien, las contracciones se mantenían. Yo podría continuar el proceso de parto natural, sin necesidad de hormonas artificiales, ni presiones. Me dejaron seguir en ello monitoreándonos al bebé y a mi. Pero nada cambió, solo el incremento en la intensidad de las contracciones, que eran más seguidas y potentes. A pesar de ello el bebé no podía bajar más. Lo intentaba pero no podía. Mi pelvis no abría más. Después de seguir así por 4 horas, la ginecóloga nos dijo que solo quedaba practicar una cesárea y nos dio tiempo para que decidiéramos. Nuevamente, a inclinar la cabeza ante el llamado de la vida. Tenemos aguados los ojos, doy un largo suspiro, nos abrazamos.

Yo elijo acompañar y cuidar a mi bebé. Yo elijo parir sin miedo, Yo elijo abrirme a la vida.

El domingo 20 de noviembre de 2016, a las 2:21 am nació Nahuel, un bebé sano, grande y tranquilo; apenas llegó a mis brazos se pego a la Teta. Pesó 4130 gr y midió 53 cm.

Nahuel ha llegado a nuestras vidas como una bendición llena de luz y amor. Trae consigo infinidad de lecciones.
Una de las más importantes para practicar una y otra vez : flexibilidad y apertura al presente. Un presente siempre en movimiento.

Han pasado 6 meses desde su nacimiento. Ahora Nahuel pesa 9 kilos, mide 75 cm, le están saliendo los dos primeros dientes, experimenta con sus sonidos agu, gua, bua, se ríe mucho. Descubrió sus pies, le encanta chupárcelos y jugando con ellos aterrizó en su barriga donde tiene una nueva perspectiva del mundo.

Cada mañana al despertar cuando me ve sonríe estirando sus brazos hacia mi rostro.

Es un bebé feliz por el que estoy eternamente agradecida. P1150111

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